Molduras para realzar tus techos

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Molduras para realzar tus techos

Ya desde tiempos de la antigua Grecia los arquitectos se dedicaron a usar y difundir las molduras como uno de los elementos fundamentales del diseño clásico. Éstas no son más que las partes salientes de perfil uniforme que sirven para adornar, reforzar o facilitar las obras de carpintería, arquitectura y trabajos constructivos en general. Su función obedece a una necesidad ornamental: conseguir que los objetos y edificios resalten frente a su entorno. ¿Quieres que tu casa tenga su propia personalidad y resalte sus cualidades decorativas? Presta atención: a continuación te damos los pasos necesarios para lograrlo. Tipos de molduras. Los fabricantes disponen de multitud de molduras, de todo tipo y tamaños, y cuyos usos son también muy amplios. Estas piezas otorgan a las distintas estancias un aire estático similar a los aposentos tradicionales y, a la vez que actúan como remate o añadido, sirven para afinar los volúmenes demasiado rígidos. Las más representativas utilizadas en bricolaje y carpintería son: redondo o barra, recanteador, bizcocho, cornisa, listón o cuadradillo, tabla, vidriera, jamba, esquinara, rodapií, pilastra, collarín y media caña o junquillo. Las cornisas. Con este nombre se denomina el conjunto de molduras que forman el remate superior de un edificio, habitación, pedestal, mueble, etc. Éstas consiguen una adecuada armonía entre pared y techo, lo que aporta una sensación de acabado extraordinaria. Adquiere gran importancia el material del que se componen, destacando dos de ellos: el yeso y los sintéticos como, por ejemplo, el poliuretano.

Se recomienda a las personas no profesionales del sector el uso de estos últimos que es menos complicado que el del yeso y además no requiere la utilización de herramientas específicas para su instalación o manipulación. Por último, destacamos las cornisas prefabricadas de hormigón que solucionan la construcción de estos elementos ornamentales a un coste inferior que las realizadas manualmente en obra. Una vez colocadas, no necesitan mantenimiento. Sus características son: * Color: se fabrican en blanco y beige. * Colocación: al ser una pieza autoestable, se coloca sobre fábrica de ladrillo o bloque. Su forma de ‘U’ permite utilizarla como refuerzo, con las ventajas que ello comporta a nivel de ahorro, de tiempo y material. * Complementos: los dos modelos disponen de piezas de ángulo interior y exterior así como de la pieza de terminación.

Muchas desigualdades existen entre yeso y sintéticos. El poliuretano, material plástico, es más ligero y resistente que la escayola y su instalación es rápida y sencilla, a la vez que limpia y no requiere tantos repasos. Aún así, para gustos están los colores, y son muchos los que se inclinan por el uso de la escayola, especialmente los de tendencias clásicas. Instalación de cornisa. A la hora de llevar a cabo la colocación de las cornisas hemos de tener en cuenta las dos opciones de las que disponemos, que como sabemos son, el yeso y el poliuretano. Una vez decantados por una de ellas, comienza el proceso. La implantación de estos elementos decorativos es sencilla, sólo basta con tener las herramientas adecuadas y ser sistemáticos en el trabajo. Las herramientas que necesitaremos son: * Dos caballetes, a ser posible metálicos, más uno o dos tablones de obra para colocarlos encima de los caballetes. Si no disponemos de ellos, podemos usar una escalera. * Las tiras de escayola o poliuretano.
* Cemento cola para la escayola y pasta de fijación especial para el poliuretano (en el caso de la escayola comprar un cubo para preparar al cola).* Una espátula. * Una bota trazadora. * Una caja de ingletes. En primer lugar, debemos decidir cómo queremos colocar la cornisa ya que puede ser separada de la pared, con lo cual sólo se sujetará por el techo, o bien estará sujeta por la pared y el techo. Independientemente de esto, hay que marcar la distancia a la que irá colocada, trazando una raya horizontal que nos servirá de guía con la bota trazadora. Tenemos que señalar todo el perímetro de la habitación.

Para empezar con la instalación propiamente dicha cortamos una de las esquinas de la cornisa con la caja de ingletear. Una vez colocada, procedemos a la de las partes rectas, aplicando la cola anteriormente en la cornisa, bien con tubo de silicona, bien en pasta, con una espátula. La arrimamos hasta su ubicación y presionamos unos segundos sobre la pared. Con lo que sobra de pasta y una espátula, rellenamos las imperfecciones que hayan quedado. Hay que recordar que si la cornisa es de escayola, tenemos que rallar previamente con un destornillador la superficie donde se va a instalar para evitar que se adhiera a la pintura en vez de al yeso de la pared y no corra riesgos de desprenderse. Para finalizar, rellenamos las imperfecciones con la misma pasta, retirando el exceso con una esponja húmeda y si es necesario, lijarlo. Después, sólo nos queda pintar, recordando siempre que con el poliuretano no podemos usar pinturas que contengan disolventes, ya que atacan a la moldura hasta acabar destruyéndola.

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