Palemo, herencia cultural al sur de Italia

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Para las personas que suelen viajar con frecuencia o que están familiarizados con las rutas turísticas, no es una novedad que Italia sea un país dividido. Al decir esto nos referimos a que el norte de Italia siempre se asocia con la opulencia y un mayor poder adquisitivo de sus habitantes que se traduce finalmente en un mejor y más refinado estilo de vida. La contraparte la ofrece el sur de Italia, al cual se asocia con niveles más austeros de vida.

Esto puede ser cierto pero la ventaja que nos ofrece el sur de Italia es que muchas de sus fiestas y tradiciones se han conservado a lo largo del tiempo, lo mismo que el estilo espontáneo y alegre de sus habitantes. Estas escenas las podemos ver en la ciudad de Palermo, si decidimos viajar con Iberia a la capital de Sicilia. Más allá de haber sido un atierra dominada por el despotismo y la mafia en otros tiempos, la ciudad de Palermo reclama con derecho propio un lugar entre las principales ciudades culturales de Europa.

En Palermo encontramos muchos lugares interesantes para visitar, además de testimonios históricos como iglesias barrocas y zonas medievales en donde las casas nos muestran sus tendederos llenos de ropa con una total espontaneidad. También encontramos barrios residenciales, hermosamente ornamentados con palmeras y chalets que hacen contraste con las leyendas del sur de Italia.

Por supuesto también encontramos concurridos mercados y los infaltables restaurantes de comida siciliana que no se pueden resistir. La historia nos dice que la ciudad de Palermo fue fundada por los fenicios como puerto para el comercio en el año 700 antes de Cristo bajo el nombre de Ziz que quiere decir flor. Los años que siguieron vieron como el dominio de la ciudad pasaba de mano en mano empezando por los cartaginenses.

Para el año 254 antes de Cristo son los romanos quienes se apoderan de Palermo renombrándola como Panhormus y defendiéndola de las sucesivas intentonas cartaginenses por recuperarla. Tras la caída del imperio romano, Palermo cae en manos de los bárbaros antes de caer en manos de los árabes en el año 831, quienes convirtieron Sicilia en un emirato. Palermo se transformó entonces en una bella ciudad llena de mezquitas, minaretes y mercadillos, llegando a ser comparada en belleza con Córdoba y El Cairo.

Luego vendría la época de las cruzadas en la que los normandos conquistan la ciudad y descubren sus riquezas pero deciden respetar la tradición de los árabes en lo que se denominó “los años dorados”. En los años siguientes, Palermo siempre fue un lugar de tránsito comercial y es gracias a su variada y rica historia que Palermo y sus alrededores están llenos de tesoros arquitectónicos como una catedral normanda, varias iglesias barrocas, bellos palacios, templos dóricos y mezquitas convertidas, entre otras construcciones.

A Palermo podemos llegar a través del Aeropuerto Internacional de Palermo que queda a poco más de 30 kilómetros de la ciudad desde donde se puede tomar el tranvía que sale cada hora hacia la ciudad o bien los buses que hacen unas cuantas paradas antes de completar un viaje de poco más de cuarenta minutos hasta la ciudad. En Palermo, podemos alojarnos en el Grand Hotel Villa Igiea que tiene finos acabados tallados en madera y una espléndida vista al Mar Mediterráneo.

Otra opción es el Albergo Orientale que está ubicado en un palacio que data del siglo XVIII. En Palermo hay que ir a conocer Las Catacumbas del Monasterio Cappuccini que tienen paredes recubiertas con 8 000 de los antiguos pobladores de Palermo que le da un aire macabro a este recinto. Luego hay que ir a la Iglesia de Santa Caterina, una obra maestra del barroco siciliano con las paredes cubiertas de detalles ornamentales como pinturas, estatuas de santos, animales salvajes y hasta fruta.

Luego hay que ir al Museo Archeologico Regionale que posee piezas de arte y artesanía que muestran Palermo a través de la historia, destacando las estatuas de la ciudad perdida de Selinunte. Luego hay que ir al Teatro Máximo, uno de los más grandes de Europa y una obra de arte del neoclásico que data de fines del siglo XIX. Allí podremos ver la temporada de ópera y ballet.

En seguida hay que conocer el Palazzo Dei Normanni que data del siglo XII y que es uno de los símbolos de Palermo. El palacio está cubierto de mosaicos bizantinos de singular belleza. Luego podemos ir a visitar Monreale en las montañas que se encuentran al suroeste de Palermo y que posee unas vistas de la ciudad realmente sensacionales. Allí también podemos ver la Catedral Normanda de Monreale que ostenta una gran colección de arte bizantino.

No podemos pasar por Palermo y dejar de conocer sus locales de comida. Hay que decir que la comida siciliana es rústica pero está enriquecida debido al legado histórico. Por ejemplo, los árabes introdujeron el cuscús y las pasas, y los españoles introdujeron las salchichas y otros platos fritos. Hostería de Visperi se erige como el mejor restaurante de Palermo que se especializa en el platillo que consta de seis variaciones de pescado crudo y marisco.

Otro restaurante con gran sazón siciliana es el Gusto Divino pese a su arquitectura moderna. Allí también podemos probar el pastel de siete tipos de chocolate que ofrece su carta. Otra visita obligada es la Casa del Brodo, un restaurante clásico que data de 1890. También hay que conocer las trattorias pequeñas que las hay por doquier y darse una vuelta por el mercado de La Vucciria donde sirven unas exquisitas croquetas de garbanzo.

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