Las Islas Marietas, ver pero no tocar

3-pajaro-bobo-de-patas-azules-tomada-de-flickr-por-kwilliamsLas Islas Marietas, ver pero no tocar
El pájaro bobo de patas amarillas es el embajador de esta isla. A tan sólo treinta minutos en embarcación de la costa de Bahía de Banderas, en el estado mexicano de Nayarit, se encuentran las Islas Marietas, cuyo nombre oficial es Isla Las Tres Marietas. Para llegar a ellas, al primer punto al que hay que ir es Puerto Vallarta y de ahí emprender el viaje hacia Punta Mita, situada en el extremo norte de la bahía. Una vez en Punta Mita, hay que localizar un campamento pesquero llamado El Nuevo Corral del Risco en donde los pescadores rentan sus embarcaciones para dar una vuelta por las Islas Marietas. El trayecto transcurre rápidamente ya que se pueden observan bandadas de pájaros bobos, golondrinas, gaviotas e incluso mariposas que van y vienen desde tierra firme. De las tres islas que conforman las Marietas, una se localiza fuera de la bahía y su ubicación en pleno mar abierto hace difícil desembarcar en ella. Sin embargo, las dos islas que se ven desde la playa, La Marieta Redonda y la Marieta Larga, son las más ricas en accidentes geográficos, paisajes y vida salvaje. Son muy pocas las playas arenosas que hay en estas islas y de ellas, la más interesante es la Playa del Amor, a la cual sólo se puede llegar a través de una cueva cuando hay marea baja, lo cual convierte el viaje en toda una aventura, muy parecida a la que se vive en el viejo continente cuando se visita la Gruta Azul.
La gran cantidad de salientes rocosas que forman rincones permiten a los buzos disfrutar de un paisaje de arrecifes con aguas claras en las que se tiene visibilidad hasta una profundidad de diez metros. Ya que estas bahías diminutas se encuentran sumamente protegidas, no existen corrientes subacuáticas peligrosas y la sensación que se tiene debajo del agua es la de estar en un acuario gigante.
El espectáculo en tierra firme es igualmente interesante, sobre todo porque las Islas Marietas son el sitio de anidación más cercano al continente americano que aprovechan por lo menos cinco de las más bellas aves marinas que vuelan en las costas de México, especialmente el bobo de patas amarillas. Esta especie, pariente cercano del pelícano, se caracteriza por su especial tolerancia a la presencia humana, pues permite que la gente se acerque mucho a su nido.
El bobo construye sus nidos en el suelo, entre un pasto que crece comúnmente en las islas y que no le hace honor a su belleza. Por las tardes, el bobo emprende el vuelo hacia el mar, zambulléndose tras sus presas, la sardina y los peces voladores. La estancia en las Islas Marietas es corta -hablamos de horas en el mejor de los casos- ya que es una zona protegida y que ha sido declarada Biosfera, por lo tanto debemos darnos prisa en hacer el recorrido.
Por otra parte, el visitante de las Islas Marietas debe pisar con cuidado ya que los nidos de los bobos están por doquier y los polluelos muchas veces salen de los nidos y caminan despreocupadamente formando un bullicio bastante particular. Para el bobo, la competencia comienza en el mar ya que una vez que ha capturado su presa, siempre habrá una fragata que se la intente arrebatar.
Al igual que los bobos, las fragatas también viven en la isla, pero en los lugares más seguros y exclusivos. Las fragatas construyen sus nidos en medio de un ancho anillo de cactus que es imposible atravesar. Las espinas son muy tupidas, tanto que ni siquiera los cangrejos pueden pasar. Entre tanto, los problemas continúan para los bobos. Ya en tierra firme, el nido es construido por machos y hembras, repartiéndose la tarea de empollar los huevos. En cuanto estos han sido depositados, la pareja entra en un stress y debe extremar las precauciones. Pese a todos los cuidados, la naturaleza siempre dictamina lo mismo: sólo uno de los huevos se romperá y de él saldrá el único polluelo que podrá llegar a la vida adulta. Pero en la isla también habitan otras especies. Una lagartija pequeña e insectívora es la única representante de los reptiles en las Islas Marietas.
También hay cangrejos, que se convierten en los únicos depredadores de polluelos y huevos. Existen dos especies de cangrejos: la que no se aleja del área de influencia del oleaje y la de tierra. Esta última es el dolor de cabeza de los bobos puesto que se alimenta de sus huevos y de aves muertas. La otra ave residente que anida en las Islas Marietas y que debe sufrir, aunque en menor grado, la relación con el cangrejo de tierra, es el pato pijije, cuyas crías son más numerosas, ágiles y veloces.
Durante todo el año, se puede observar a discreción los bobos de patas amarillas, sus nidos y crías, a la pareja en actitud paternal, a sus enemigos naturales y a sus presas, pero también se puede apreciar, especialmente en invierno, a sus primos más elegantes: los bobos de patas azules, que son de plumaje más castaño y ojos amarillos y que también anidan en las Islas Marietas. Este grupo de islas, además, es el hogar y refugio de muchas otras especies de aves. Algunas viven ahí todo el año y otras sólo la visitan en la temporada de invierno. Se puede decir que las Islas Marietas son de los últimos refugios seguros sobre la Tierra -al igual que las Islas Galápagos- para una extraña y poco conocida diversidad animal y vegetal que se ha adaptado a las especiales condiciones de vida insular.as Islas Marietas, junto con todas aquellas islas aún desconocidas, se han convertido en un laboratorio ecológico que de alguna manera debemos respetar pero sin dejar pasar la ocasión de darnos una vuelta por allí.
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